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Franc, un bar cordobés de vinos que apuesta por las experiencias

De la noche y los boliches a la formación como sommelier: Kiki Cabanillas apostó por reinventarse y hoy lidera Franc, un bar de vinos en Cofico donde cada visita es una experiencia distinta.

La pandemia obligó a muchos emprendedores a reinventarse y, en el caso de Cristian “Kiki” Cabanillas, fue un trampolín hacia su mejor creación: Franc, un bar de vinos ubicado en el corazón de Cofico, más precisamente en la esquina de Jujuy y Bedoya.

Allí predomina el buen gusto: el local exhibe sus mejores vinos en el ingreso y está ambientado con mesas cómodas y música que acompaña de manera plácida. Al entrar, se puede encontrar a Kiki, siempre listo para dar la bienvenida, y a los mozos, que invitan amablemente a degustar vinos, picadas y distintos menús de cena.

Según cuenta su propio dueño, Franc nació como una tienda. “Yo venía del mundo de la noche. Organizábamos eventos y teníamos bares y boliches junto a varios amigos. Ese era mi sector, y cuando llegó la pandemia fuimos los primeros en cerrar y los últimos en abrir”, recuerda.

Tras presentar una gran botella para acompañar la entrevista, continúa: “En ese interín empecé a vender vinos desde mi casa. La pandemia, en cierto punto, me dio la oportunidad de dejar atrás un poco la noche y empezar a interesarme en serio por el vino. Hice cursos, primero en la Asociación Argentina de Sommeliers y después con Susana Corti, en Córdoba, de manera presencial. Eso me permitió formarme como sommelier y vender con más conocimiento. Luego decidí crear una marca”.

El nombre elegido también tiene su historia. “Uno de los primeros vinos a los que realmente le presté atención fue un Cabernet Franc, una cepa que me marcó. Cuando la pandemia pasó, abrí el primer local en barrio Jardín, que funcionaba como vinoteca y tenía algunos eventos de degustación. Hoy Franc es otra cosa”, destaca.

El lugar elegido, en pleno Cofico, tampoco fue casual. Si bien en su emprendimiento imprime varias cuotas de creatividad, Kiki se empeña en estudiar para no dar pasos en falso. Así, la esquina de Jujuy y Bedoya quedó como anillo al dedo. “Estuve un año recorriendo esta zona y otras, hasta que vi que Cofico tenía mucho potencial. Principalmente por la cantidad de torres que se construyeron, como las de GNI, donde se mudó mucha gente. Me empezaron a caer fichas: ‘Mirá, tal amigo vive en Cofico’. Entonces me pregunté qué los atraía de este barrio. Hice un estudio de mercado, me puse a mirar en Instagram y a investigar el tipo de público que había. Y me di cuenta de que podía interesarse en lo que yo quería proponer. No fue casualidad: estuve un año estudiando, investigando y planificando antes de abrir”, relata.

Algo más que un bar de vinos

Según cuenta Kiki, la idea original se fue transformando con el feedback del público. “Al principio la idea era un local de vinos, pero después la misma gente me empezó a pedir otras cosas. Yo escuchaba a los clientes y fui viendo hacia dónde llevar el proyecto. Así, Franc se fue transformando: además de una copa de vino y buena comida, le sumamos un extra. Hoy el público busca experiencias distintas, y eso lo damos con los eventos. Tratamos de que cada propuesta tenga un plus: no es solo venir a tomar un vino o comer una tabla, unas empanadas o una provoleta, sino vivir algo diferente. Esa es la idea: captar público nuevo y fidelizar al que ya tenemos”, relata.

Al momento de la entrevista, Franc abría sus puertas para recibir al público que se acercaba atraído por un evento de jazz. De esta manera, el bar enlaza la cata y degustación de vinos con atractivas propuestas culturales. “Soy organizador de eventos y también sommelier. Así que cuando armé el bar traté de unir estas dos profesiones. Sin embargo, el vino siempre es el protagonista. La idea es sumar distintas propuestas para que la experiencia de quienes nos visitan no sea monótona. Ni para ellos ni para nosotros”, analiza.

–¿Cuáles fueron los desafíos más grandes a la hora de emprender?
–Obviamente, el contexto del país era una de las cosas que más pensaba. Pero nunca dudé de lo que creía que podíamos lograr. Tenía claro que, con lo que había estudiado, el público que ya teníamos acá y el producto que íbamos a armar, podía funcionar. Apostamos a algo que no todos hacen: que vengas a tomar una copa o una botella, a una cata a ciegas personalizada —todos los días— con cepas no tradicionales, y además tengas el plus de un evento. Hoy la gente paga por una experiencia; no paga solo la copa de vino con la tabla de fiambres, porque eso lo podés hacer en tu casa. La idea es que vengas a vivir algo diferente, y nosotros tratamos de brindarlo.

–Si tuvieras que señalar los puntos fuertes de Franc, ¿cuáles serían?
–Primero, la experiencia de la cata a ciegas personalizada que hacemos todos los días. Yo soy sommelier, y la mayoría de los que trabajan acá también lo son, entonces podemos ofrecer una experiencia distinta: varietales, bodegas chicas, boutiques, bodegas grandes que no siempre se conocen. Sumamos cepas no tradicionales, acompañado de comida casera —por ejemplo, las empanadas las hace mi mamá—. Eso marca la diferencia. Después, los eventos que organizamos, que son un diferencial. Y, sobre todo, la gente: la buena vibra y la energía que se genera acá. Nos lo dicen antes, durante y después de venir. La gente vuelve, y también llega público nuevo.

–Hoy un emprendimiento parece estar obligado a tener un perfil fuerte en redes sociales. ¿Cómo lo manejan ustedes?
–Para mí, la comunicación es el foco principal. Cuando armé el local, el 80% del proyecto fue pensar en cómo comunicarlo. El espacio es hermoso, y cuando la gente viene se da cuenta, pero hay que mostrarlo bien. Trabajo con una empresa de comunicación, Carambola, de Sofía y Mati, que me costó mucho encontrar. Había probado con otras, pero no me sentía acompañado. Con ellos sí, y me liberó de preocupaciones. Yo estoy pendiente de los eventos, pero ellos me ayudan a planificarlos y comunicarlos. Además, usamos mucho WhatsApp, con una comunicación directa con el cliente.

–Te llevo a algo más personal: ¿naciste emprendedor o te fuiste haciendo con los años?
–Uno siempre está aprendiendo sobre la marcha. Yo trabajé desde chico, y siempre me gustaron los desafíos. Con mis amigos, cuando éramos chicos, vendíamos gallinitas y mielcitas en los kioscos del barrio. Íbamos a la fábrica, nos las daban, y después devolvíamos lo que no vendíamos. Así empecé. Siempre me gustó emprender y retarme a mí mismo. Hoy trato de generar algo que me guste a mí y que también le pueda gustar a la gente. Constantemente hablo con los clientes: les pregunto qué les gusta, qué no, qué banda de rock escuchan, qué hicieron el fin de semana. Eso nos sirve para ir armando los eventos.

–¿Y qué se viene para este verano en Franc?
–En octubre cumplimos un año y lo vamos a festejar a lo grande. Ya pasamos un primer verano, ahora vamos por el segundo. Seguramente habilitemos la vereda como hicimos antes. Y vamos a seguir organizando eventos: bingo musical, jazz, peñas, piano bar, falsos cumpleaños, falsas bodas… cualquier tipo de evento, pero siempre con el vino como protagonista.

Para ir

FRANC Vinos – Wine House. Abierto de Martes a Sábados. Vino por Copa o Botellas acompañados de Tapas. Dirección: Jujuy 1496, Córdoba.

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