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Hamak: la historia de las mochilas de ecocuero cordobesas que combinan diseño, funcionalidad y juego

Carolina, creadora de Hamak, convirtió la necesidad de encontrar mochilas funcionales y originales para sus hijas en un emprendimiento que hoy conquista a grandes y chicos. Sus diseños de ecocuero no solo acompañan a los niños en la escuela, también se transforman en compañeros de juego.

Cuando Carolina Lozada recuerda sus primeros pasos en el mundo del diseño, vuelve a «la Spilimbergo», tradicional Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Provincial de Córdoba donde estudió dibujo publicitario. En aquel entonces no existía la carrera de diseño gráfico como título oficial y la enseñanza era completamente artesanal: los carteles se pintaban a mano y no había computadoras en las aulas. La poca formación en programas digitales que había quedaba reservada para quienes podían pagar una institución privada.

“Me hice muy autodidacta, siempre buscando aprender por mi cuenta”, cuenta Carolina en diálogo con CBA Viva. Esa capacidad de aprender sola, sumada a una inclinación natural por dibujar y crear desde chica, fue la semilla de lo que más tarde se transformaría en Hamak. El nombre, de hecho, viene del apellido de su abuelo materno, un comerciante de Goya que marcó su infancia.

Carolina recuerda tardes enteras en el negocio de deportes de su abuelo, rodeada de fibras, cartulinas y música clásica. Mientras él escribía cartas a proveedores o inventaba frases publicitarias para su local, ella dibujaba con fascinación. Esa mezcla de juego, diseño y trabajo creativo quedó grabada para siempre.

De la necesidad al emprendimiento

El proyecto tomó forma varios años después, en 2009, cuando Carolina se quedó sin trabajo en el Colegio de Escribanos. Con una hija recién nacida y otra en edad escolar, comenzó a pensar en un emprendimiento propio.

“Siempre me gustó la idea de crear cosas para niños, porque mis diseños tenían más que ver con ese mundo”, explica. El punto de partida fue una experiencia personal como madre: cada vez que buscaba mochilas para sus hijas encontraba opciones poco originales o productos atractivos pero nada funcionales.

“Una vez compré una mochila de Garfield divina, pero tan chiquita que no entraba ni el vaso ni el cuaderno. Pensaba: ¿de qué sirve algo lindo si no se puede usar?”, recuerda. Esa observación se convirtió más tarde en un motor creativo.

Carolina comenzó haciendo puffs y alfombras de cuerina para chicos, que rápidamente tuvieron buena aceptación en locales. Después se animó a probar con mochilas de ecocuero, un material fácil de limpiar y práctico para la vida cotidiana con niños. Subió sus primeros diseños a Facebook y pronto empezaron a llegar los pedidos. “Al principio hacía una mochila por día. Tienen mucho detalle, por eso tardo tanto. Siempre me dicen que simplifique, pero el detalle es lo que las hace especiales”, reconoce y asegura que no está dispuesta a renuncia a esta singularidad por mayor rapidez de producción.

Mochilas lúdicas: diseño que se convierte en juego

El diferencial de Hamak apareció casi por casualidad. Mientras Carolina trabajaba, su hija más pequeña jugaba con las mochilas como si fueran muñecos. Esa escena le dio la clave: “No es solo una mochila, también es un compañero de juego. Yo las llamo mochilas lúdicas”. El concepto marcó la identidad de la marca. Cada modelo combina diseño atractivo, funcionalidad y un guiño lúdico que conecta con el universo infantil. Por eso, más allá de ser un producto para la escuela, se convierten en parte del día a día de los chicos.

Con el tiempo, Hamak llegó a vender incluso en Chile, siempre manteniendo la producción artesanal y el control de calidad en cada pieza.

Creatividad con historia

Todos los modelos de Hamak son diseños propios. Carolina suele inspirarse en objetos, símbolos o situaciones personales. Así surgió, por ejemplo, la mochila colibrí, un diseño muy íntimo creado en honor a su hermana, que falleció meses después de ser mamá. “Con ella siempre hablábamos de los colibríes, así que la mochila fue una forma de homenajearla”, cuenta.

Además, la escucha constante a las clientas es clave. Muchas veces, los pedidos especiales se convierten en disparadores de nuevos modelos. Esa cercanía con el público es parte de la esencia de Hamak.

El desafío de emprender paso a paso

A pesar del gran camino recorrido, Carolina siente que aún no dio el “salto cuántico” con su marca. El ritmo cotidiano le impone límites: no vive en Córdoba capital y todos los días debe viajar para llevar a su hija al colegio. Eso implica largas esperas y regresos a casa muy tarde, lo que hace difícil sostener rutinas de producción más amplias.

“Voy lento, pero seguro”, afirma y sostiene que perseverancia ha sido clave para sostener Hamak a lo largo de los años, incluso frente a las críticas o recomendaciones de dejarlo. “Muchas veces me dijeron que lo deje, que esto era un hobby, y que me busque otro trabajo, pero yo sigo. Me encanta lo que hago”, reconoce y suma: “Después de tantos años de paciencia, no voy a dejar ahora”.

Actualmente Carolina se ocupa de todo: diseño, costura, redes sociales, ventas y atención al cliente. Reconoce que le gustaría delegar la parte de confección para poder dedicar más tiempo a crear y desarrollar nuevos productos pero, aunque aún no llegó el momento, no descarta que pueda hacerlo en un futuro.

En el camino, también recibe consejos de su hija mayor, que estudia Administración de Empresas y le insiste en acelerar procesos. “Ella me dice que voy muy despacio. Yo la escucho, porque a veces tiene razón, pero también creo que con perseverancia se llega. Prefiero ir de a poco, pero con seguridad”, asegura.

Para Carolina, Hamak es mucho más que una marca de mochilas. Es la materialización de una forma de entender el diseño: objetos lindos, funcionales y cargados de significado. Cada pieza tiene detrás horas de trabajo artesanal y una historia personal o colectiva que la inspira.

Esa combinación de creatividad, detalle y resiliencia es la que hace que las mochilas de ecocuero de Carolina sean únicas. No son solo un accesorio escolar: son objetos que acompañan, entretienen y cuentan historias.

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