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Innovación, tradición y fútbol: Jaque, el emprendimiento matero cordobés que llegó a la Selección

Gino Zampa es oriundo de Laboulaye y encontró en los productos materos un nicho que explotó desde la personalización hasta la proveeduría de Yerba. Cómo llegó a estar cerca de los jugadores argentinos.

Gino Zampa es oriundo de Laboulaye. Vino a Córdoba a estudiar la carrera de contador, pero el destino lo fue llevando a encarar su propio emprendimiento. En la esquina de Larrañaga y Buenos Aires, en Nueva Córdoba, se puede visitar Jaque, su local boutique de mates, decorado con los mejores productos materos en sus góndolas y con camisetas de fútbol enmarcadas en las paredes.

Al tiempo de explotar su negocio en las redes sociales, Gino entabló relación con varios jugadores de fútbol que comenzaron a pedir mates personalizados. Eso lo llevó a estar en cercanías del “Huevo” Acuña, entre otros héroes de Qatar 2022. Más allá de tener un presente estable y un local funcionando, se rodea de personalidades emprendedoras para obtener conocimiento y también para tenderles una mano a quienes recién empiezan.

Gino inicia la entrevista marcando cómo es su rol como emprendedor. “Para mí, ser emprendedor es estar full time. Mantener un laburo así implica vivirlo 24/7. No es que tengo una hora para pensar en el negocio: me despierto, me estoy lavando los dientes y ya estoy pensando en lo que tengo que hacer; a la noche, en la ducha, me aparecen ideas nuevas. A veces no me hace bien, porque te sobrepasa: te agarra estrés, ansiedad… pero también creo que es parte de la personalidad del emprendedor estar en eso todo el tiempo”, cuenta.

Sobre Jaque, define: “Jaque plantea innovación junto con la tradición. Es lo que muchos emprendedores del sector matero venimos buscando: reversionar una costumbre en algo novedoso, piola, que se adapte a distintos públicos. No queremos que el mate sea solo la imagen del gaucho con el termo. Hoy podés tener un mate rústico, un mate de diseño para decorar, uno para un jugador de fútbol… hay un mate para cada persona. Eso es Jaque: traer variedad y complacer distintos gustos”.

—Uno puede decir que hay muchas tiendas de mates. ¿Qué es lo que te diferencia?
—Claro, se podría simplificar diciendo que es una tienda dedicada al mate, pero en realidad damos un montón de servicios: yerbas, termos, personalización de mates, accesorios. La diferencia fue especializarnos pura y exclusivamente en el mundo matero: mate, bombilla, termo, matera, y toda esa cultura.
Lo loco es que hace diez años no existía algo así. Si querías un mate de calidad tenías que ir a una tienda de artículos regionales, donde te vendían alpargatas, ponchos, gauchos de adorno y, entre todo eso, algún mate. Y siendo Argentina uno de los países donde más se consume mate, parecía increíble que no hubiera un lugar dedicado 100% a eso.

—¿Vos naciste emprendedor o fue algo que aprendiste con el tiempo?
—En mi familia siempre tuvimos negocio, desde que tengo memoria. Soy de Laboulaye, al sur de Córdoba, y desde los 11 o 12 años ya me ponían atrás del mostrador a dar una mano. Obviamente fuera del horario del colegio o de las tareas, pero siempre tenía que ayudar un poco en casa.
Al principio era a la fuerza: “vamos a trabajar”. Después le fui tomando el gusto y me empecé a sentir cómodo atendiendo, aprendí a desenvolverme. Quizás en ese momento uno no lo valora, porque mientras tus amigos están jugando al fútbol vos estás trabajando en el kiosco. Pero con el tiempo entendés que eso te dio herramientas muy valiosas.

—¿Y cómo se trasladó esa experiencia a Jaque?
—Me dejó la vara alta. Hoy vendo mates, pero esa base de estar en el mostrador, de saber cómo tratar con la gente, me marcó. Ya sé cómo encarar al público, cómo ofrecer un producto, cómo generar confianza. Obviamente en el paso a paso tuve que aprender cosas nuevas, porque hoy estamos en otra escala de negocio. Lo que logré en Córdoba ya supera lo que se hacía en el pueblo con mi viejo. Acá tenés que capacitarte, romper barreras, dejar tabúes de lado. La ciudad te brinda muchas más posibilidades: conocés más gente, podés escalar de otra manera, te rodeás de personas que están en la misma y aprendés todo el tiempo.

—¿Qué hace falta para sostener un emprendimiento?
—Te tiene que apasionar. Si realmente te gusta, no tenés techo con ningún proyecto. Pero la clave está en estar “enfermo” de lo que hacés. No hablo de obsesionarse con la plata, sino de tener la cabeza puesta en crecer. Con amigos emprendedores o empresarios muchas veces hablamos de negocios, pero lo que contagia de verdad no es la guita: es hablar de crecimiento, de corazón, de ganas de superarse, de tener una idea y verla crecer. Ese es el espíritu que te mantiene en pie.

—¿Cuál es la búsqueda de Jaque en redes sociales? ¿Cómo buscan enganchar al público?
—Es muy difícil. A mí me gusta mucho la parte de ventas y de marketing, aunque nunca estudié nada formal. Soy de leer, de capacitarme solo, y hoy en día TikTok lo tomo como una herramienta muy copada, porque te llegan contenidos buenos y podés aprender. Al principio hacía videos selfie desde mi departamento, hasta cantando cuarteto, y los miro ahora y me río. Me gustaba mostrarme, tenía humor, pero con el tiempo me fui cargando de responsabilidades. Hay días en los que estoy tomando decisiones, contratando gente, resolviendo quilombos, y me cuesta ponerme en “modo cámara”.

—¿Cómo manejás ese equilibrio entre lo que querés transmitir y la realidad diaria del negocio?
—Ahí está lo complicado. Uno siente la presión de tener que mostrar siempre algo. Y hay días que no estás bien: me enfermé, estaba engripado, y pensaba “¿qué subo si tengo esta voz?”. Pero después me di cuenta de que mostrar también esos momentos, el quilombo real, es parte del juego. Mis amigos me escribían porque habían visto que yo subía cosas del local, de los mates, de las compras, y eso generaba interés. Creo que lo que realmente vende es lo auténtico, la realidad. Si yo tuviera un stream que me filmara mientras vivo el día a día del negocio, eso vendería solo, porque a la gente le interesa ver lo original.

—¿Y qué pasa con los vínculos que creaste en este camino, incluso con jugadores de la selección?
—Es algo que me marcó. He tenido la suerte de estar cerca de jugadores de la selección que, más allá de estar “allá arriba”, tienen una comunicación real con la gente. Lo demuestran en la cancha y también afuera. Eso habla de ellos, pero también de lo que construimos nosotros: ser originales, transparentes, no agrandarnos. Esa forma de ser nos mantuvo siempre en ese lugar, cerca de ellos y de la gente. En ese sentido, los jugadores que fui conociendo siempre fueron muy cercanos. Los de la “Scaloneta” son muy terrenales, pueden tomarse un mate con vos tranquilamente. Pude conocer a los campeones del mundo en Ezeiza y en esa visita salió un lindo contenido.

—¿Te hiciste amigo de los futbolistas a través de Jaque?
—No es ni amistad plena, ni tampoco pura y exclusivamente de negocio. Me pasó, por ejemplo, con Marchesín: una vez me llamó directamente por teléfono, estaba en Porto en ese momento, para pedirme un mate. Después mantuvimos relación un tiempo, luego se cortó, y hoy ya no hablamos. Pero la experiencia fue muy buena, porque es un tipo humilde, una gran persona.
Yo no soy amigo de él, pero si le mando un mensaje me responde, sabe quién soy, recuerda qué hicimos. Eso te demuestra que son buena gente. Y no es que estoy todo el tiempo buscando estar cerca de ellos: si surge, genial; si no, también está bien.

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