¿Cuántas veces pasaste por la Plaza San Martín? Seguramente más de las que puedes recordar. Pero, ¿alguna vez te detuviste a pensar que, entre los mástiles donde flamean la bandera argentina y la provincial, hasta hace poco faltaba una bandera de la ciudad de Córdoba?
Este detalle, que para muchos puede haber pasado desapercibido, inquietaba profundamente a Agustín Luján Díaz, un estudiante de Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba a quien esta misma inquietud lo impulsó a participar de un concurso que, meses después, lo consagraría como el creador de la bandera oficial de la ciudad.
“Me molestaba un poco que tuviéramos la bandera nacional y provincial, pero que la ciudad de Córdoba solo tuviera un escudo. Sentía esa incomodidad, esa molestia de que una ciudad tan importante, con 450 años de historia, no tuviera una bandera propia que nos representara a todos”, confiesa Agustín en diálogo con CBA Viva.
“Nunca imaginé que la Municipalidad lanzaría un concurso, ni que yo lo ganaría, pero cuando vi la oportunidad en la web pensé: ‘Este es el momento’», recuerda haciendo referencia a Toda la Ciudad en una Bandera, concurso abierto organizado por la Municipalidad de Córdoba que invitaba a diseñar lo que sería la nueva insignia de la ciudad, y del cual participaron 602 cordobeses.
“Aunque siempre viví lejos del centro, estudié en el Colegio Nacional Monserrat y eso me conectó mucho con el casco histórico. El Monse me dio una base humanista increíble: todos los años teníamos materias como historia del arte, historia de la cultura, sociología y psicología. Y todo eso me sirvió mucho a la hora de pensar el diseño”, cuenta y sigue: “Durante el colegio participé en modelos de Naciones Unidas y actividades relacionadas con relaciones internacionales, lo que me ayudó a reconocer muchas banderas y entender las características que tienen según la región. También estudiamos psicología del color, y aunque no soy experto en la vexilología (el estudio de las banderas), siempre me interesó”.
«En total hice varios diseños, unos 20, y fui descartando hasta quedarme con el que finalmente ganó», precisa Agustín, que tenía 21 años cuando presentó su diseño, y 22 cuando ganó. “Entregué el modelo el 26 de julio y me llamaron a fines de octubre. Fueron tres meses entre la entrega y el anuncio”, apunta.
– ¿Cómo fue ese momento en el que te anunciaron que ganaste? ¿Te explicaron por qué eligieron tu diseño entre los 602 participantes?
– Cuando me llamaron querían saber más de mí, porque les sorprendió que fuera tan joven. Al día siguiente, vino a mi casa gente del área de Protocolo y ceremonial de la Municipalidad y una escribana, para formalizar todo. Me mostraron los diseños finalistas y me explicaron las razones por las que el mío fue elegido. Por ejemplo, mi diseño tiene un sol jesuita, pero no con un significado religioso. Representa el legado cultural, político y educativo que dejaron los jesuitas, algo que va más allá de lo religioso. En cambio, otros diseños tenían cruces con significados exclusivamente religiosos, y en un estado laico eso no es apropiado. Además, se valoró la simplicidad de mi diseño. Algunas propuestas eran muy complejas o tenían colores y formas que no respetaban la identidad. También se consideró el uso de franjas horizontales, que son más comunes en nuestra región. Me dijeron también que mi diseño ganó por amplia mayoría.
“Cuando la diseñé quería que la bandera reflejara a toda Córdoba, no solo a una parte. Conozco bien la ciudad y la provincia, tanto las zonas más vulnerables como las más privilegiadas. Entender esa diversidad y nuestra historia creo que fue clave para crear algo representativo”, piensa.
– Hablame del diseño ¿qué significado hay detrás de los colores y los elementos que elegiste?
– Decidir los colores fue algo que me costó, pero no tanto como definir su significado. Resumir tanta historia en tan poco espacio fue muy complicado. Pensaba: “Si saco esto, pongo aquello, pero si saco esto, entonces pierdo algo importante». Por ejemplo, se me ocurrió usar el violeta por la Reforma Universitaria, pero sentí que darle tanta importancia a un solo hecho no era justo. Así que preferí reflejar ese evento de manera más implícita en otro color o a través de las personalidades representadas en la bandera.
“El rojo es el mismo tono que el de la bandera provincial. Representa el coraje, la fortaleza y el potencial que siempre ha tenido Córdoba. Desde su fundación, la ciudad ha sido un «puerto seco», un punto estratégico por donde pasaban comerciantes, estudiantes y viajeros. Era un centro de encuentro y poder. Además, el rojo hace referencia a los comechingones, los habitantes originarios de la región, ya que su bandera era roja y negra. También simboliza la Reforma Universitaria, el Cordobazo y otros hitos históricos revolucionarios que marcaron la identidad de la ciudad. El coraje y las agallas que caracterizan a Córdoba están representados en este color”, explica Agustín.
“El blanco ocupa la franja del medio y representa la ubicación de Córdoba como centro estratégico del país y del Mercosur. Este color simboliza la armonía, la convivencia y la diversidad cultural, reflejando las corrientes migratorias internas y externas que llegaron a la ciudad. Los estudiantes que vienen de otras provincias son un claro ejemplo de cómo Córdoba recibe a todos con los brazos abiertos”, suma.
“El amarillo simboliza nuestra vivacidad, felicidad y energía, características que nos identifican como cordobeses. Cuando viajamos a otros lugares del país, siempre nos reconocen por nuestra alegría, el cuarteto y nuestro sentido del humor. Para mí, el color del cuarteto es el amarillo. Además, este color conecta con el escudo provincial, que originalmente era de un tono dorado. Elegí un amarillo oscuro que se asocia al oro, en lugar de un amarillo brillante o patito, para mantener esa referencia histórica”, explica.
En cuanto al sol jesuita ubicado en la franja del medio de la bandera, Agustín dice: “Con él quise reflejar la influencia de los jesuitas en la ciudad, no solo en lo religioso, sino también en lo político, educativo y cultural. Córdoba fue un lugar clave para ellos, y su legado sigue vigente en nuestra identidad. Ellos eran conocidos por su independencia y autonomía, características que compartimos como cordobeses al no depender de puertos o ríos principales para nuestra economía”.
– ¿Cómo te marcó esta experiencia a nivel personal?
– Personalmente fue muy significativo. Es el fruto de años de esfuerzo y estudio. No fue algo que hice de un día para otro; llevaba tiempo preparándome para crear algo así. Además, como cordobés, es un orgullo enorme. Cada vez que paso por la Plaza San Martín y veo la bandera, siento una gran satisfacción. Mi intención nunca fue que mi bandera estuviera aislada, sino que encajara bien con las otras dos banderas (la nacional y la provincial) y que juntas representaran nuestra identidad.

