Hay emprendimientos que nacen de una idea ambiciosa, otros de una necesidad y otros, simplemente, de un tiempo inesperado. En el caso de Jorgelina Grosso, diseñadora gráfica de Córdoba, su proyecto Planner Papelería tomó forma en un contexto que marcó a miles de emprendedores: la pandemia. Con más horas en casa, una máquina de encuadernar recién comprada y el impulso creativo intacto, empezó a diseñar cuadernos sin una intención comercial clara. Solo quería hacer algo para ella. Lo que no imaginaba era que ese impulso inicial terminaría convirtiéndose en un emprendimiento que hoy acompaña a estudiantes, profesionales, niños y emprendedores en su organización diaria.
“Arranqué haciéndome cosas para mí y las subí a las redes. Cuando vi que gustaban, dije por qué no”, resume en diálogo con CBA Viva. El proyecto creció al ritmo de su curiosidad por crear productos útiles, estéticos y funcionales. Lo suyo nunca fue solo hacer cuadernos: fue diseñar objetos cotidianos que solucionaran pequeñas necesidades y que, al mismo tiempo, dieran ganas de usar y de tener a la vista.
Los primeros cuadernos y el descubrimiento de un camino propio
Como diseñadora gráfica, Jorgelina siempre trabajó en su estudio realizando proyectos para clientes. El diseño estaba en su día a día, pero durante la pandemia encontró espacio para explorar una faceta más personal. Ese fue el germen de Planner Papelería.
Primero fueron cuadernos. Después agendas. Luego cuadernos en blanco para quienes prefieren dibujar. Más tarde, materiales para que los niños coloreen. Y, por último, productos pensados especialmente para otros emprendimientos: planificadores, cuadernos de organización y herramientas que ordenan el trabajo diario.
“Voy buscando productos que se adapten a cada etapa o a cada persona”, explica. La lógica detrás de cada pieza no es azarosa: cada diseño nace para acompañar un uso concreto. Puede ser una agenda de uso diario, un cuaderno de recetas, un planner para organizar un emprendimiento o simplemente un cuaderno para escribir sin estructura previa.
La intención es simple pero clara: crear objetos que ayuden a organizar y a conservar lo que escribimos, que eviten esa acumulación de papelitos que se pierden o se tiran, y que además tengan un impacto visual agradable. “Si lo vas a dejar en el escritorio o llevar a la oficina, que tenga diseño, que te guste verlo”, agrega.
En un mercado donde muchos productos de papelería tienden a lo minimalista, Jorgelina se distingue por su uso del color. No es un detalle menor ni un recurso decorativo aislado: es parte del espíritu de la marca.
Si tuviera que resumirlo en pocas palabras, ella misma lo define como “alegría, la vida en colores”. Esa frase sintetiza no sólo una estética, sino también una manera de encarar el diseño: objetos que acompañan la rutina, pero que no son neutros ni impersonales. Sus cuadernos y agendas buscan transmitir energía, personalidad y un toque lúdico sin caer en la exageración.
Un proceso artesanal respaldado por el diseño
Planner Papelería es un proyecto hecho a mano de principio a fin. Jorgelina diseña en su computadora, imprime, lamina, arma tapas, prepara interiores y encuaderna. No delega ninguna parte del proceso. Cada producto pasa por sus manos antes de llegar al cliente.
Ese trabajo artesanal es lo que más disfruta: “Sentarme a armar las tapas es lo que más me gusta, me encanta”. Para ella, el proceso es tan importante como el resultado final: las impresiones llevan un laminado que mejora la durabilidad, permite limpiarlas si se mojan y prolonga la vida útil del producto.
Emprender en tiempos de incertidumbre
Como a la mayoría de los emprendedores, la situación económica del país la atraviesa y la condiciona. No romantiza la experiencia de emprender, ni se victimiza. Lo describe con simpleza y realismo: siempre está ese pensamiento de si vas a poder seguir o no. Pero su manera de enfrentarlo es con constancia y empuje. “La situación económica te hace tambalear, pero siempre poniendo para adelante”, reconoce.
Entre los aprendizajes que rescata, uno se volvió guía: «arriesgarse». Así se lo transmitieron y así lo transmite ella a quien quiera empezar su proyecto: “Si te gusta hacerlo, arriesgate. Va a salir bien y lo vas a disfrutar. A la larga termina dando frutos”.
Planner Papelería convive hoy con su estudio de diseño. No reemplazó su profesión, sino que la amplió. Le permitió unir su formación técnica con una faceta creativa más personal; pasar del servicio a la creación original; del diseño para otros al diseño desde su propia mirada.
Ese cruce también le dio a su día a día una dinámica distinta. “Es otra pasión. No se te pasan tan lentas las horas”, dice. Lo que para otros podría ser un trabajo más, para Jorgelina es un proceso que la implica desde lo creativo, lo manual y lo emocional, aunque siempre manteniendo los pies en la tierra.
Planner Papelería no nació con un plan de negocios, ni con un estudio de mercado, ni con una estrategia de marketing diseñada. Nació con ganas, con tiempo y con una herramienta recién adquirida. Creció con prueba y error. Y se sostuvo con constancia, creatividad y respuesta del público.
Hoy es un emprendimiento cordobés que se expande a medida que crece su comunidad, que se posiciona con una estética reconocible y que combina funcionalidad, diseño y manufactura artesanal. En un mercado competitivo, Jorgelina apuesta por algo que no se puede copiar: su identidad.
Quizás por eso Planner Papelería funciona. Porque detrás de cada cuaderno hay una diseñadora que piensa en ese objeto para alguien concreto, porque hay un producto que intenta resolver una necesidad real, y porque hay una emprendedora que decidió arriesgarse.